La Belleza Natural es más que sólo una linda vista

27 05 2013

Es justamente estas semanas finales de mayo cuando se sigue atentamente los reportes de las expediciones que suben las grandes cumbres del Himalaya, en particular Everest, que aprovechan esta ventana de buen clima, antes de las lluvias veraniegas.

Erik Weihenmayer

Erik Weihenmayer

Con esta inspiración, volví a leer varios libros que tengo relacionados con el tema, y entre ellos, me volví a encantar con el profundamente inspirador relato de uno de los grandes montañistas actuales: Erik Weihenmayer.

Es posible que varios de los lectores no sepan de él, pero les cuento que pertenece al selecto grupo de montañistas que ha logrado completar su extraordinario proyecto de completar las Siete Cumbres (Seven Summits) que se refiere a las montañas más altas de cada uno de los siete continentes (África, Asia, Europa, Oceanía, Norteamérica, Sudamérica, Antártica).

La enorme mayoría de nosotros ni siquiera ha llegado a considerar intentar una de ellas. Pero Erik ya las completó todas … y no ha visto ninguna de ellas.

… pero las conoce a la perfección.

“Touch the Top of The World”, Erik Weihenmayer

Erik Weihenmayer es la única persona no-vidente que ha desarrollado una carrera de montañista de primer nivel. Este impresionante montañista debe parte de sus logros a la conexión que logra con todos los aspectos de la experiencia de visitar cada una de estas montañas. En su libro “Touch the Top of the World”, Weihenmayer comenta que muchas veces le preguntan por qué sube montañas si al final él no es capaz de disfrutar de la vista. Erik contesta que la montaña es mucho más que la vista, sino que una experiencia completa. Por ejemplo, sentir el viento en la cumbre es suficiente para entender y percibir que está en la cima, donde las corrientes de las diferentes laderas se juntan. O que el frío y la nieve en las alturas se sienten, al punto que hacen evidentes las condiciones del lugar. El ruido de los zapatos o de los bastones en la roca es otro aspecto más de la experiencia global de visitar y subir una montaña.

Para aquellos de nosotros que hemos subido montañas, recorrido valles y bosques, las sensaciones que describe este sorprendente aventurero son reales y totalmente familiares. Pero como personas videntes, y aún más, fotógrafos, siempre concentrados en usar la vista para capturar con nuestras cámaras, es normal que en ocasiones nos anestesiemos de parte de todas las otras dimensiones de la experiencia.

Cuando comencé con la fotografía en forma más seria, mi motivación fue tremendamente clara y explícita: “quiero ser capaz de capturar la maravillosa experiencia de visitar estos lugares impresionantes”. Al menos reconozco un momento específico en el origen de esta motivación y fue mi primer viaje a la Carretera Austral (sur de Chile), siendo un estudiante universitario en Santiago. Tuve la suerte de “hacer dedo” a un camión que se detuvo cuando llevábamos apenas 10 minutos de espera y nos llevó en un día soleado y magnífico por el recorrido entre Chaitén y Futaleufú.

Aquel viaje de cuatro horas por los rincones de la Carretera Austral, admirando bosques centenarios, glaciares y montañas, aves, y un sinnúmero de otros detalles maravillosos del Sur extremo de Chile, fue una de las experiencias con naturaleza más memorables. No es que no haya sacado fotos, pero las pocas que saqué fueron absolutamente lejanas a la sensación real que viví aquel día. Luego de aquel viaje me di cuenta de lo mucho me gustaba ver buenas fotografías de esos y otros maravillosos lugares, fotografías que realmente capturaron la esencia de la experiencia en diferentes ángulos y detalles.

En esta ocasión, nuevamente inspirado por la palabra escrita de Erik, me propuse elegir unas pocas fotografías que de alguna manera, en forma visual, reflejaran los efectos de otros sentidos: el canto o llamado de un ave, el ruido del viento o del agua corriente.

Así que a continuación comparto con Uds. estas imágenes esperando ser capaz de despertar los otros sentidos que tenemos.

Quebrada de Cari, Valle de la Luna, Reg. Antofagasta

Frío y calor. Pasar de mucho calor a mucho frío en sólo algunos instantes.

Quebrada de Cari, Región de Antofagasta

Quebrada de Cari, Región de Antofagasta

El Valle de la Luna por si mismo es un lugar especial. Su paisaje provoca en el visitante esa sensación de “estar en otro planeta”. Posiblemente la luna, aunque dudo que la gran mayoría de los visitantes tengamos la real experiencia lunar, para poder comparar.

Uno de sus sectores es la Quebrada de Cari, que ya he visitado en dos ocasiones. La clásica visita cerca del atardecer, permite vivir una dimensión especial en este estrecho cañón. Las rocas crujen, como una orquestada melodía. El crujido se produce por el brusco cambio térmico que se inicia cuando el sol da paso a las sombras en las distintas paredes de la quebrada.

En esta foto se evidencian dos cosas: la sensación de estar caminando por un callejón, rodeado de paredes de roca. A la vez, el tono más rojizo de las paredes propone una sensación de calor asociada al sol que aún pega en la parte superior, en drástico contraste con el fondo de la quebrada, cuya temperatura ya descendió, lo cual se representa por los tonos azules.

Árbol modelado por el viento, Reg. Magallanes

La implacable potencia del viento.

Árbol doblado al viento, Región de Magallanes

Árbol doblado al viento, Región de Magallanes

La Patagonia es conocida por la omnipresencia del viento. Pero no cualquier viento; viento huracanado. Uno de los íconos que mejor representa esta constante es la imagen de algunos árboles que crecen con esta forma, evidenciando una lucha contra el viento que dura toda una vida. Y en el caso de un árbol “toda una vida” es una tremenda cantidad de años. Aun cuando el día que fotografíe este árbol, el viento era bastante moderado, la estampa encorvada resultó ser lo suficientemente expresiva para graficar la rudeza del viento Patagónico.

Peuco estridente, Región Metropolitana

Los estridentes gañidos de las aves rapaces

Peuco estridente, Reg. Metropolitana

Peuco estridente, Reg. Metropolitana

Dentro de las aves silvestres de esta parte del mundo, creo que las rapaces deben estar en el top del ranking de los gañidos más reconocibles y llamativos, al menos en el Valle Central de Chile, donde vivo.

Esta fotografía en particular muestra un ejemplar en cautiverio de Peuco, precisamente emitiendo sus característicos sonidos agudos.

Arroyo en Parque Nacional V. Pérez Rosales, Reg. de Los Lagos

El constante murmullo del agua corriente

Arroyo corriendo por el bosque, Región de Los Lagos

Arroyo corriendo por el bosque, Región de Los Lagos

Una foto que evoca el ruido del agua es la de un pequeño rápido en un río secundario en el sur de Chile. Una de las formas de fotografiar agua en movimiento es hacerlo con larga exposición de modo de lograr suavizar el agua, como en este caso, que sigue evidenciando el efecto hipnotizador que tiene el agua corriendo por las rocas en medio del bosque.

Playa de Cachagua al atardecer, Reg. de Valparaíso

Olas y rocas, una combinación milenaria

Costa de Cachagua, Reg. Valparaíso

Costa de Cachagua, Reg. Valparaíso

El ruido del mar, particularmente de las olas golpeando y escurriendo entre las rocas de la orilla, se entremezclan en forma natural con el olor salino que todos reconocemos. Esta foto, a diferencia de las clásicas tomas de atardecer costero, se enfoca en un sector de rocas, que por las algas muestra colores impresionantes, pero que esa imagen visual simplemente palidece ante el totalmente reconocible e inolvidable ruido y olor de la costa.

Sin duda, es un desafío casi imposible el plantearse fotografías que representen las sensaciones de una experiencia al aire libre, que son la parte fundamental de la pasión de aventureros como el reconocido Erik Weihenmayer. Las fotos que presenté no pretenden ser un referente absoluto de esta idea, sin embargo, en mi personal percepción, son suficientemente expresivas en cuanto a las dimensiones no-visuales de las experiencias. Es posible que parte de su efecto se deba a todos los vívidos recuerdos que tengo de las ocasiones representadas por estas fotografías, pero creo que son una muestra de las otras sensaciones que se experimentan cuando andamos de excursión natural.

Los ruidos, el frío o calor, el viento, son muchas de las cosas que guardamos en nuestra memoria y que si podemos potenciarla con las fotografías, el recuerdo se hace aún más potente. En otras palabras, la belleza está más que en lo que los ojos pueden mirar.

… y de todos modos los invito a leer uno de los libros de Erik: “Touch the Top of the World”.

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Nota aparte: ¿Les comenté que hace un tiempo conocí en persona a Erik? 🙂

Con Erik W. San Diego, California, 2005

Con Erik W. San Diego, California, 2005





El Paisaje Íntimo de la R. Nac. Federico Albert

15 09 2011

El Lugar y su Origen

Federico Albert, nacido en 1867, en Alemania (con el nombre original Frederich Albert), fue un reconocido biólogo que llegó a Chile en 1889 directamente a trabajar en el Museo de Historia Natural. En su rol científico en Chile, destacó como un gran recolector y conocedor de la naturaleza chilena, así como un incansable gestor de proyectos, siendo el primero en introducir en Chile el concepto de conservación de flora y fauna, que hoy nos parece tan obvio.

 

Entre sus múltiples actividades, recorrió la costa de la Región del Maule en 1898, tomando conciencia de la grave amenaza que implicaba el avance de las dunas para el poblado costero de Chanco (ese mismo, el de los quesos), por lo que comenzó uno de sus proyectos más ambiciosos para frenar este avance. Fue así que con ayuda de los lugareños, realizó una de las plantaciones más significativas llevadas a cabo en la época, logrando exitosamente crear un bosque que detuvo el avance de las dunas. Ese bosque hoy es conocido como la Reserva Nacional Federico Albert, hoy administrada por la Corporación Nacional Forestal.

Sendero en Reserva Nacional Federico Albert

Vista general del típico sendero que recorre el bosque de la Reserva Nacional Federico Albert

La Visita

Con esta historia de fondo, la motivación por conocer este bosque era mayor y fue así que llegamos en familia a recorrer esta zona costera. La vista de la zona en pleno Julio aún se engalanaba de campos en verde, pese a la ausencia de hojas en casi todos los árboles.

La reserva nos sorprendió al estar tan cerca del pueblo, que su entrada es literalmente el final de una de sus calles centrales. Un tremendamente amable guardaparque nos dio la bienvenida y nos invitó a hacer el principal recorrido autoguiado por el bosque, el cual nos permitiría conocer más de la flora de la reserva. Invitación ideal, y por supuesto, aceptada de inmediato, por lo que nos armamos con cámaras de foto y trípodes a este recorrido de un par de horas.

Sendero en Reserva Nacional Federico Albert

Un sendero cubierto por material vegetal, en medio de un tunel resultante del tupido follaje de la flora de la Reserva Nacional Federico albert

El Paisaje Íntimo

El concepto de paisaje íntimo ha sido sujeto de gran desarrollo en la fotografía de naturaleza de las últimas décadas, asignándole al fotógrafo estadounidense Eliot Porter el origen del término y del enfoque fotográfico. La idea hoy nos parece más evidente, pero se fundamenta en la idea de que en cada lugar se pueden lograr fotografías tremendamente atractivas sólo enfocándose en detalles más pequeños, en lugar del paisaje grandioso. Aún más, numerosos fotógrafos han abordado el tema con diferentes sugerencias y aplicaciones, que plantean no una línea específica, sino que una forma de mirar el paisaje que puede ser aún más atractiva. Como ejemplos referencio a Jim Goldstein, Rod Planck, y Guy Tal, sólo por nombrar algunos pocos.

Árboles de la Reserva Nacional Federico Albert

Detalles de algunos de los árboles de la Reserva Nacional Federico Albert

Por nuestra parte y ya de lleno en este paseo familiar, nos fuimos enfrentando poco a poco al desafío de capturar con la mayor sensibilidad la verdadera esencia de este bosque costero maravilloso, creado sobre dunas de arena. Como siempre, empezamos buscando algunas tomas que mostrasen el bosque con el sendero como protagonista, tal como se ven en las fotos al comienzo.

Pero al poco andar, nos dimos cuenta que lo mejor de la reserva estaba en los detalles. Más específicamente, dada la evidente humedad de estos días invernales en medio del bosque, la proliferación de hongos no se dejó pasar por alto y a cada metro que avanzábamos por el sendero, nos encontrábamos con nuevas formas y colores, tan diversas que fue imposible hacer un verdadero inventario de las diferentes especies de hongos que veíamos.

Musgo sobre un alcornoque en la Res. Nac. Federico Albert

Musgo sobre un alcornoque en la Res. Nac. Federico Albert

Simplemente, decidimos abocarnos a estos grandes protagonistas de nuestra visita y lograr las mejores imágenes posibles de este mundo en miniatura. No fue fácil. La ausencia de luz en medio del bosque obligó a exposiciones muy largas, por lo que los trípodes fueron una herramienta fundamental.

Hongo colorido en la Res. Nac. Federico Albert

Hongo colorido en la Res. Nac. Federico Albert

Pero eso no resolvió todos los desafíos. Lograr posicionar la cámara en un ángulo y altura cercana al hongo requirió – al menos en mi caso – de un trípode en miniatura, que andaba trayendo en mi bolso.

Sin más palabras, los invito a revisar varias de las imágenes del “Paisaje Íntimo de la Reserva Federico Albert”, que incluyen hongos y también detalles de algunos de los árboles introducidos que finalmente lograron cumplir el sueño de Frederich, detener las dunas y permitir que Chanco siguiera existiendo.

Grupo de hongos en la Res. Nac. Federico Albert

Grupo de hongos en la Res. Nac. Federico Albert

Hongo en la Res. Nac. Federico Albert

Árbol en la Res. Nac. Federico Albert

Detalle de Árbol en la Res. Nac. Federico Albert

Hongos en Res. Nac. Federico Albert