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Paul concentrado presentando una mosca seca en la cola de un pozón del Río Claro de la Sierra Bellavista.
Cuando aparecen reportajes y en especial fotos de pesca con mosca en Chile, el sur es prácticamente omnipresente. Su interminable diversidad de destinos, posibilidades, alternativas, sabores, etc. hacen que sea siempre tan evidente asociar esta apasionante actividad, con el intenso verde austral.
Pero confieso un profundo lazo con la Zona Central de Chile. Habiendo crecido y vivido aquí toda mi vida, y aún pasando muchas semanas al año recorriendo los exuberantes rincones Patagónicos, algo me atrae de Chile Central, más que las palabras.
Cada vez que recorro uno de los numerosos pequeños ríos, que escalón a escalón, se llevan las aguas de la alta cordillera al valle central, siento que estoy en casa.
Mientras estoy sentado al computador, escribiendo estas líneas, puedo sentir, e incluso oler, ese característico olor de las aguas Cordilleranas bajando ruidosamente por un corte serpenteante entre las montañas.
Esas mismas aguas que alojan pequeñas, pero hermosas truchas, que aun siendo especies foráneas, introducidas hace más de un siglo, en mi concepción de estos ríos son parte integral y fundamental.
En estos mismos ríos, en que he compartido aventuras y anécdotas con algunos de mis mejores amigos, es donde – me imagino – muchos de los lectores también han vivido experiencias inolvidables.
Esta foto es de una de esas ocasiones, quizás no hace tanto tiempo. Aparece mi amigo Paul, concentrado en seguir el derive libre de una mosca seca presentada en la sección final de un largo pozón. El río, obviamente se llama “Claro”, como tantos otros que recorren nuestra geografía. Pero a la vez, obviando lo común de su nombre, tiene su propia personalidad.













